Oporto y Tajamar, hermanados para siempre

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No es hoy Madrid, ni vanguardia ni cuna del ajedrez nacional, si bien es verdad que atesora y acoge, principalmente por su centralidad, esa encrucijada de caminos que sirven de asentamiento y paso a numerosas figuras del ajedrez. Aunque si hubiera que mencionar dos características que definieran al ajedrez madrileño, una sería su sedentarismo, contraviniendo la esencia y espíritu viajero de sus gentes, y la otra: el ensimismamiento y descarte de todo aquello que no sea ajedrez en estado puro, cuestiones ambas que generan, en cierto modo, aislamiento y mirar más a los árboles que al bosque en su conjunto (es una opinión). En este sentido, el ajedrez “bien entendido”, que pretende Tajamar, se orienta sin fisuras hacia el deporte de las sesenta y cuatro casillas, pero sin dejar de lado el fomento de la cultura y las relaciones sociales y familiares, las que han de permitir a los alumnos enriquecerse y formarse para la vida. Sirvan como ejemplo las salidas que en los últimos tiempos ha realizado el club a la capital abulense, a la vallisoletana, a la capital palentina y a la capital salmantina; a Benidorm incluso. Todas para competir, pero además para relacionarse y conocer de paso las mencionadas ciudades. También ha recorrido el club, en su periplo montañero, parajes naturales: el macizo granítico de la Cabrera, el castro celta de Ulaca y el yacimiento arqueológico de Tiermes… Y como no, con ese ánimo de convivencia, el club viene celebrando su multi‐fiesta navideña y, sus visitas a la finca campera de Meco para pasar un día familiar.

Por otro lado, tampoco ha dejado de lado alguna que otra visita guiada al Madrid de los Austrias y Las Letras. De hecho, a lo largo de los últimos tiempos, hemos asistido a conferencias, realizado exposiciones literarias y certámenes de pintura, fotografía y ajedreces… En fin, un club atípico en sus métodos y objetivos, del que conviene recordar que la temporada anterior organizó y participó en más de cuarenta torneos y eventos ajedrecísticos; es decir, lo cortés no quita lo valiente.

No obstante, y aun con todo ello, al club le faltaba atravesar fronteras para conocer y darse a conocer, ataviado con su espíritu viajero y ganas de buena vecindad. Esto es lo que nos llevó a Oporto, a mediados de diciembre de 2015, a quien escribe, Nicolás Rodríguez, y a sus compañero de andanzas en esas lindes, Pedro García, para tratar en primera instancia detalles y proyectos con uno de los clubes más antiguos de Europa, que ahora cumple su 75 aniversario: el Grupo de Xadrez do Porto. Allí nos esperaban Joaquim Brandao, Nuno Pinto, Mário Marques, Rogerio…; personalidades de este club y de la federación, que nos agasajaron y nos hicieron la estancia fácil y placentera.

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